Un club rebelde de legisladores republicanos crece y amenaza la agenda de Trump

Publicado: 20 may 2026, 12:10 GMT-5|Actualizado: hace 4 horas

WASHINGTON (AP) — En un Congreso liderado por republicanos definido por la deferencia al presidente Donald Trump, hay un grupo pequeño, pero en constante crecimiento que se ha mostrado más dispuesto a desmarcarse de la Casa Blanca.

Aunque el presidente mantiene un firme control sobre los votantes republicanos, el club en expansión podría obstaculizar su agenda en temas que van desde la guerra con Irán hasta la financiación la política migratoria, en un momento en que el partido del mandatario tiene una mayoría precaria en el Capitolio.

El senador Bill Cassidy, de Luisiana, es el miembro más reciente del club. Apenas unos días después de perder su primaria ante un rival respaldado por Trump, Cassidy cambió de postura el martes sobre una legislación relacionada con la guerra en Irán y votó con los demócratas para limitar la acción militar de Estados Unidos.

“Por la forma en que está establecida nuestra Constitución, el Congreso debe exigirle cuentas al poder ejecutivo”, declaró Cassidy a los periodistas el día anterior.

El senador John Cornyn, de Texas, podría ser el siguiente después de que Trump respaldó a Ken Paxton, rival de Cornyn por la nominación republicana, en la segunda vuelta de la próxima semana.

El representante Thomas Massie, de Kentucky, es quizá un miembro fundador del caucus YOLO —jerga de “you only live once” (“solo se vive una vez”), usada para subrayar una conducta despreocupada o incluso temeraria. Massie frustró a Trump desde el primer mandato del presidente, y su estatus quedó consolidado tras perder su primaria el martes ante un rival respaldado por Trump. Massie ha enfurecido a Trump al votar contra su emblemático proyecto de impuestos y gasto, y al presionar por la publicación de los archivos de Jeffrey Epstein.

E insinuó que habrá más antes de dejar el cargo.

“Me quedan siete meses en el Congreso”, declaró Massie con una sonrisa durante su discurso de concesión, mientras la multitud estallaba.

Más republicanos se sienten libres de desentenderse de Trump

Otros republicanos en situaciones similares incluyen al senador Thom Tillis, quien fue un duro crítico de la exsecretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, y más recientemente ha centrado su atención en el secretario de Defensa, Pete Hegseth. También está la senadora Lisa Murkowski, de Alaska, quien se unió a los demócratas la semana pasada en un intento por limitar las facultades de guerra de Trump en Irán. Los senadores Susan Collins, de Maine, y Mitch McConnell, de Kentucky, han votado en contra de algunos de los nominados de Trump para su gabinete. Y en la Cámara de Representantes, el legislador Don Bacon, de Nebraska, ha impulsado recuperar el poder del Congreso en la cuestión de los aranceles.

Massie afirmó en su discurso de concesión el martes: “Si el poder legislativo siempre vota con el presidente, sí tenemos un rey”.

Esto difícilmente equivale a un resurgimiento del movimiento Never Trump (Nunca Trump) que algunos republicanos esperaban, sin éxito, que frenara los excesos del presidente durante su primer mandato o le impidiera volver al cargo. Muchos en el partido, incluidos detractores ocasionales de Trump, o bien lo han respaldado o no pudieron frenarlo cuando iniciaba la guerra en Irán, supervisaba una agresiva operación de control migratorio o desmantelaba la fuerza laboral federal.

Los republicanos de hoy, sin ataduras, no encajan en una casilla ideológica. Pero están unidos por una sensación de empoderamiento que solo puede alcanzarse de unas pocas maneras en el Washington de Trump.

Muchos, como Tillis, McConnell y Bacon, han decidido retirarse y pueden emitir votos sabiendo que nunca más tendrán que enfrentarse a los votantes republicanos en una primaria. Otros, como Collins y Murkowski, tienen más margen porque representan a estados que tienden a premiar la independencia política. Y algunos, como Massie, apostaron por la idea de que los votantes podían apoyar tanto a Trump como a alguien que ocasionalmente lo contradijera.

Es una paradoja para Trump. Mientras exige lealtad total y expulsa a los disidentes republicanos, se queda con un grupo cada vez mayor que, por una razón u otra, no le debe nada.

Los demócratas buscan capitalizar

Eso podría ser un problema para el líder de la mayoría del Senado, John Thune, y para el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, quienes ya gobiernan con mayorías exiguas. Los cambios de lealtad de incluso unos pocos legisladores republicanos podrían complicar de manera drástica la capacidad de cualquiera de las dos cámaras para aprobar legislación sustancial antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato de noviembre.

Thune calificó a Cornyn el martes como un “conservador con principios” y un “senador muy eficaz”.

“Ninguno de nosotros controla lo que hace el presidente”, manifestó.

Las próximas pruebas podrían llegar más adelante esta semana, cuando Thune impulse un paquete de financiación para el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas y para la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, diseñado para aprobarse estrictamente con línea partidista.

Los demócratas están ansiosos por aprovechar la oportunidad.

Al hablar en un evento en Washington el martes, patrocinado por el Center for American Progress, el líder demócrata de la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, señaló que buscaría abrir una brecha entre los republicanos mediante una llamada “petición de descarga” para llevar asuntos directamente al pleno para una votación.

Esa táctica ha tenido éxito para lograr la aprobación en la cámara baja en temas que van desde los archivos de Epstein hasta la protección temporal de inmigrantes haitianos.

“Cuando somos disciplinados y cuando estamos enfocados y cuando presionamos en particular a los llamados republicanos de escaños disputados, ellos han estado rompiendo con nosotros”, señaló Jeffries.

El gobernador de California, Gavin Newsom, dijo a los periodistas el martes que el respaldo de Trump al rival de Cornyn era una señal de que su poder político reside dentro de la base republicana, no en el público estadounidense en general.

El posible aspirante demócrata a la presidencia en 2028 afirmó: “Él ha mostrado la única influencia que tiene, y es una influencia desproporcionada dentro de la base del partido. Por lo demás, ha mostrado poca o ninguna influencia con el pueblo estadounidense”.

Contando los votos

Eso deja a los republicanos calculando cómo podrían reunir los votos necesarios para aprobar legislación.

El senador John Hoeven, de Dakota del Norte, calificó a Cassidy como un “buen amigo” y dijo que la derrota fue “dura para él”. Señaló que Cassidy “siempre votará en línea con lo que cree que es lo mejor”, pero dudó que se convierta en un voto republicano menos confiable.

Su colega de Luisiana, el senador John Kennedy, opinó que Cassidy ejerce el poder “de manera racional y madura” y que “seguirá haciendo lo mismo”.

Cassidy rechazó repetidamente la idea de que pasará sus últimos meses en Washington como un alborotador para Trump, al afirmar que va a hacer “lo que es bueno para mi país y mi estado”.

Sin embargo, la veta independiente que puso fin a su carrera política reapareció rápidamente. Una semana después de que Trump visitó China, Cassidy habló de una alianza occidental que está “desmoronándose totalmente” y que no podrá “hacer frente a la amenaza que representa China”. Pareció atónito de que el gobierno creara un fondo de casi 1.800 millones de dólares para compensar a aliados de Trump sienten que han sido investigados y procesados injustamente.

“Acabo de salir de la campaña”, comentó. “A la gente le preocupa llegar a fin de mes, no armar un fondo discrecional sin un precedente legal”.